¿En qué tipo de universidad estudiaste, y vives independientemente?

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domingo, 13 de junio de 2010

El Destete



Más de una vez se ha mencionado en este blog que el proceso de salir de casa de los padres para vivir de manera independiente hace que uno tome responsabilidades y decisiones que pueden asustar a algunos, por esto se suele dar el periodo que podríamos llamar de "destete", una fase de transición entre dejar la casa paterna y tomar las riendas de una vida solo. Debo confesar que cuando me independicé frecuentaba mucho la casa de mis padres con visitas a mitad de semana e incluso me quedaba a dormir, esto último por una cuestión de comodidad ya que hay unos 4 o 5 distritos de distancia entre mis padres y mi persona. Al cabo de un par de meses dejé esta rutina que amenazaba con volverse costumbre por el bien mayor, digo esto porque conozco el caso de un conocido que vive solo...pero a un par de cuadras de casa de sus padres y según he sido informado almuerza y cena en la casa paterna y va a su casa solo para dormir, ¿qupe clase de indepencia es esa? "puedo decir a mis amigos que vivo solo pero en realidad sigo viviendo a expensas de mami y papi".

Hace un par de semanas concocí el nuevo departamento de un amigo que acaba de mudarse de casa de sus padres, la sorpresa para mí fue que sus padres viven cruzando la calle, su casa es visible desde la ventana del departamento de este amigo. Me han contado que sus padres ya dan por sentado que el va ir a cenar con ellos todos los días, confío que esto es solo un caso más de "destete" como el que me pasó a mi. Mi mensaje final es tener cuidado con las costumbres y rutinas que heredamos de casa, vivir solo no se trata solo de dormir en una lugar diferente al de los padres, se trata de un estilo de vida.

viernes, 7 de mayo de 2010

Entrevista a JVM




Un veterano de la vida independiente, con siete u ocho años a cuestas, JVM nos cuenta algunas de sus experiencias para beneficio de los jóvenes o no tan jóvenes que aun no se mudan.

Cuéntanos las circunstancias de tu primera independización.

La primera vez que salí de mi casa fue el 2002, tenía 23 años. Era estudiante de último año de la Católica y ya trabajaba. Ganaba más o menos bien, así que ahorré como dos o tres meses y zafé de la casa de mi viejo. Teníamos una relación complicada: tenemos caracteres muy parecidos, imagínate. Yo quería irme desde mucho antes, pero no podía por cuestión de plata. Mi vieja ya me había botado de su casa, por eso vivía con mi viejo, y él ya me estaba botando en cualquier momento. Me mudé a una casa construida en la azotea de otra casa grande de dos pisos.

¿Cómo fue la elección del lugar?

Salí apurado, a lo primero que conseguí. Cuando uno se muda por primera vez, no sabe cuánto va a gastar. Yo no tenía ningún referente de amigo a quien pudiera preguntarle, no existía tu blog, no había en esa época nada. Yo me fui tratando de gastar lo mínimo, porque no sabía cuál sería el rango de gastos, así que busqué lo barato y tampoco busqué mucho. Me tomó una semana, agarré los clasificados de El Comercio, y fue la segunda cosa que miré. Quedaba por Santa Catalina, detrás del edificio de Interbank, en la vía expresa.

En cuanto a comodidad comparada cuando vivías con tus padres, ¿subiste, bajaste o te mantuviste igual?

Bajé. No había bodegas cerca, no había lugares para comer tarde… los servicios de la zona eran muy malos. Yo había estado viviendo en un cuarto en una casa común y corriente. Me mudé a un lugar de “menos calidad”, por decirlo así. Esto era una azotea prefabricada, con lo mínimo indispensable… Pero no lo pensé en ningún momento. Ahora, la primera cosa es que necesitas un fondo al comienzo un poquito grande para mudarte. Hay bastantes gastos imprevistos.

¿Cuánto necesitaría un joven profesional hoy en su cuenta de ahorros para lanzarse a la aventura?

Depende de cuánto te cueste el depa. Normalmente te van a pedir un mes de adelanto y un mes de garantía. También depende de cuántas cosas propias te puedas llevar y no tengas que comprar. Asumiendo que te puedes llevar el contenido de tu cuarto, yo diría que, para comprar cosas de limpieza, platos, vasos, etc., entre 300 y 500 soles.

Esto es aparte de la cocina, refrigeradora…

Sí, muy aparte. Si fuera todo, todo… 1500 soles. Pero mucho más fácil es preguntarle a familiares o amigos si estarán cambiando de artefactos o muebles pronto e ir haciendo un plan de compra, que puede demorar uno o dos meses. Por ejemplo, ahorita, hemos conseguido un refrigerador regalado. Tenemos la cocina chiquita que nos han dejado.

¿Y la mudanza misma?

La mudanza es chamba. No te das cuenta del volumen de cosas que tienes. Dependiendo de cuántas cosas tienes, puede ser una experiencia difícil, hasta traumatizante. Tuve una mudanza muy complicada, en que tenía que bajar cosas por una escalera muy jodida, un catre tuve que bajarlo con cuerda…

¿Qué opinas de alquilar un cuarto?

`Yo creo que es muy buena para quienes están empezando a mudarse, porque es más barato y los cuartos suelen ser amoblados o semi-amoblados. La mudanza se te aligera muchísimo. El costo de un cuarto puede ser la quinta o sexta parte de un minidepa. Tienes un solo pago que incluye todo: luz, agua, internet.

¿Qué opinas de los flatmates o roommates?

Yo creo que tres es el máximo ideal de gente para vivir, porque tienes un voto dirimente. Lo que puede ser complicado es ser el tercero que llega donde otros dos que ya viven juntos, porque ya hay una dinámica previa. En este caso, yo ya tenía un acuerdo con una chica, y estuvimos buscando a una tercera persona desde enero hasta marzo. En general, es relativamente complicado encontrar roommates. En tu grupo de amigos inmediato, o ya están viviendo solos así que ya están instalados, y quienes viven con sus padres, pueden demorarse varios meses, porque no están tan dispuestos a mudarse en cuanto les ofreces. Hay ventajas cuando los encuentras: mientras más roommates haya, más familias hay que pueden pasarte cosas para la mudanza. Y la compañía, evidentemente. Amigos en común, reuniones.

Lo que te podrían replicar es: Si vas a dejar una casa que compartes con parientes –con quienes te llevas bien, asumamos– y vas a irte a compartir otra, a tener que seguir reglas de convivencia y encima gastar mucho más, entonces ¿qué ganas?

Hay un montón de cosas. Hay casas en que el hermano mayor tiene muchas prerrogativas y los demás están subordinados. Hay madres engreidoras, sobreprotectoras de los hijos. Pero yo sí sentía que ganaba mucho, a pesar de que fuera yéndome a un lugar más feo. Ganaba la independencia.

Hablemos de los momma’s boys. ¿Hay algún escenario en que tú consideres que sea mejor seguir viviendo con la mamá?

Si la familia tiene una actitud muy abierta, relajada, puede ser. Hay gente que puede perder mucho en cuanto a comodidades al mudarse. Porque lo que ganas es intangible, son sensaciones, experiencias que solo vas a valorar al mediano o largo plazo. El ser momma’s boy puede ser tentador: mudarse recién cuando uno se case, con una mujer que sea igualita a su mamá y que le haga las mismas cosas. Y ese es el tipo de persona más común, y hasta se enorgullecen de serlo. Son una secta. Esas personas no valoran la independencia y la libertad –con los problemas que traen. Te quita tiempo, por ejemplo. Hay que limpiar, ordenar. Yo sacrifico en lo que es comida. Como a deshoras, porque no hay una mamita que me tenga la comidita lista, lo cual me ordenaría. Son gente que prefiere tener más tiempo para huevear, aunque algunos hacen cosas útiles. No justifico su actitud, nunca elegiría ese camino, pero entiendo que haya gente que opte por ello por sus expectativas, valores y una serie de cosas.

En Francia, ¿atestiguaste la existencia de Momma’s boys?

Toda la gente que conocí ahí o ya vivían solos o aparte de sus padres en grupos grandes de cómo seis personas. No conocía a nadie que viviera con sus padres. Oí de un pata que tuvo que volver con sus padres a los treintaitantos años porque su matrimonio en Turquía se derrumbó y regresó sin nada. Pero tan pronto consiguió trabajo, se fue. Así de simple. Pero cuando me contaron de él, inmediatamente se puso la salvedad de por qué vivía así, porque no es lo normal. Acá, en cambio, ese no es el caso, no se siente la necesidad de justificarse. El tema no sale en conversaciones, porque la mayor parte de gente en cualquier conversación vive con sus padres. Un montón de amigos míos, por ejemplo, muchas veces se quedan en mi departamento por horas o hasta días, porque al vivir con sus padres, quieren un poco de acceso a algo que no tienen.

¿Alguna otra recomendación a los jóvenes que aun no se lanzan a la piscina?

Primero, que suelten la teta. Eso es fundamental. Que comprendan que conocerse a sí mismo en la soledad es parte del crecimiento personal, de la independencia, y eso influye en todos los demás aspectos de la vida de la persona. Lo primero que les diría es que mudarse tiene muchas ventajas intangible, pero que existen.

Lo segundo, que se informen lo mejor posible, que busquen gente con quienes mudarse. Y que sepan que se empieza con poco y de a pocos. La experiencia dura toda la vida, y no hay que apurarse en tener todo al comienzo. Vivir solo es suficientemente gratificante como para hacerlo, aunque sea a un lugar vacío.

Así que anímense, conchesusmadres.







¿Cuánto te vale, cuánto te cuesta?

Incluyendo todo, alquiler, mantenimiento, arbitrios, agua, luz, internet, cable, teléfono:

550-600 soles.

En Miraflores, cercano al parque Mora.

Bodega, menú, panadería, cabina, ferretería, mercado, transporte público, todo a poca distancia.


miércoles, 14 de abril de 2010

Un mensaje a las mamitas: bótenlos




Mamás del Perú: si sus hijos o hijas ya han terminado la universidad y tienen un trabajo, bótenlos de la casa. Bótenlos. Bó-ten-los. Fuera los engreídos!

No se trata de odiar a los hijos. No, nada de eso. Muy al contrario. Ustedes quieren ver a sus hijos crecer y madurar. Y mientras tengan todos los beneficios de vivir con ustedes, las mamitas, eso es algo que nunca lograrán. Jamás serán verdaderos adultos mientras no sepan el tiempo y esfuerzo que tomar cocinar ese ají de gallina al cual los han acostumbrado, o tener las camisas tan planchaditas como les gusta (o, cuando menos, el dinero que cuesta pagarle a alguien para que lo haga). La maduración puede dolerle a sus hijos, pero es algo que tienen que hacer, y mientras más pronto, mejor.

El reloj está avanzando inexorablemente, señoras. Mientras más tiempo pase, más difícil será que sus hijitos e hijitas se acostumbren a valerse por sí mismos. No dejen que lleguen a los treinta viviendo bajo sus techos; de llegarse a tal fecha, ya fue. Considerarán que ningún lugar está a su altura, y que en ningún lugar estarán tan bien atendidos y engreídos como con ustedes. La edad de a aventura son los veintes. Sáquenlos mientras puedan.

Puede ser duro para ustedes también. Muchas madres sufren al dejar a sus niños en el colegio por primera vez, pero se enorgullecen cuando se gradúan. Por qué habría de ser esto diferente? Acaso consideraron en algún momento no mandar a sus hijos al colegio para evitar el dolor de la separación? Obviamente no. Es hora de ponerse los pantalones y hacerlo por los hijos mismos, para que puedan crecer. La vasta mayoría de los pocos hijos que se mudan de la casa en retrospectiva lo consideran un momento de gran maduración y crecimiento personal. Un desafío que, una vez conquistado, les da las herramientas para afrontar desafíos cada vez mayores. Al no botarlos de la casa, les están privando de tal experiencia.

Por otro lado, mírenlo como algo para ustedes mismas. Ya no estamos en el siglo XX. El fin de la mujer moderna ya ha dejado de ser exclusivamente la procreación y protección de los hijos. Ustedes son mujeres individuales con derecho a una vida propia y a sus propios proyectos y hobbies. Aquél cuarto que su hijo o hija sigue ocupando bien podría ser la oficina de su microempresa, un taller de pintura o una biblioteca. El potencial de contribuir a la sociedad como mujer es infinito. Pero pasa por superar de una vez la fase de mamá gallina. Que los pollos (ya grandes) salgan del nido, para que ustedes puedan retomar sus vidas.

Varias madres, lejos de sufrir del síndrome del "nido vacío", encuentran que tras verse liberadas de la presencia de sus hijos grandes en casa, entran en una etapa de renovado vigor. La relación con la pareja, incluso, suele reforzarse. Recuerdan el tiempo y diversiones que compartían antes de que nacieran los hijos y que tuvieron que suspender? Es hora de retomarlos. Paracaidismo, viajes, etc.

Esto nos lleva a un tema conexo: la re-flexibilización de las finanzas de la pareja. La casa grande con jardín se compró para criar a los hijos pequeños. Eso fue una elección perfectamente razonable. Pero lejos de mantener a los hijos ahí para seguirla justificando, más sentido tiene botarlos y vender la casa que se ha vuelto excesivamente grande. Con lo obtenido, se puede adquirir una vivienda más práctica para una pareja sin hijos. El excedente es ahora la clave. Este excedente que estaría inmovilizado con la presencia de los hijos ahora puede ser movilizado para los proyectos de la pareja. Pueden usarlo para fundar la tienda de flores que siempre quisieron administrar. O si quisieron pasarse un año explorando todas las maravillas del mundo, tienen ahora el dinero y el tiempo.

Para cada cosa hay un momento. Para los hijos e hijas con trabajo, es hora de madurar. Para los padres que ya se libraron de ellos, es momento de retomar la vida propia.

Bótenlos.



domingo, 14 de marzo de 2010

Me mudo si me dan permiso

El título de esta entrada hace referencia a una frase que he escuchado más de una vez cuando he consultado a alguien sobre sus razones para seguir viviendo con sus padres. Entiendo cuando no lo hacen por cuestiones económicas e incluso me parece válido si alguien me dice sin verguenza que no lo hace porque así puede vivir de los padres y emplear sus ingresos solo en divertirse. ¿Pero no se supone que la independencia depende de uno? ¿no está implícito en el mismo hecho de quere ser independiente? aparentemente más de uno prefiero quedarse con los padres para "no hacerlos enojar", personalmente me llevo muy bien con mi familia y me apoyaron cuando decidí vivir por mi cuenta así que no puedo hacer otra cosa más que pensar que aquellos que me dan esta excusa en realidad pueden estar buscando una excusa para mantener el status quo haciendo creer que "en el fondo" si quieren mudarse. para hacer las cosas solo falta decisión y voluntad.



miércoles, 24 de febrero de 2010

La evaluación socioeconómica del postgrado



Cuando uno ingresa a una universidad privada con sistema de pensiones escalonadas una de las partes más engorrosas es rellenar los formularios de la situación económica familiar. Uno tiene que obtener un montón de información sobre las finanzas de los padres, información que con frecuencia es incómoda y complicada. Sin embargo, es natural que así sea en el pre-grado. Después de todo, quienes están pagando por los estudios son presumiblemente los padres.

La situación, sin embargo, cambia a la hora del postgrado. El formulario no, sin embargo. Este sigue preguntando por las finanzas de los padres, tíos, abuelos, amigos y conocidos, como si ello tuviera alguna remota relevancia. En principio, un postgrado, al obtenerse después de la profesión, debería poder ser financiado por el mismo prospectivo estudiante. Uno ya debería ser un profesional individual e independiente. No importa que tus padres sean los condes de Westphalen, si tú estudiaste comunismo científico y con las justas te alcanza para pagar la pensión más baja, pues mala suerte para la universidad.

Ahora, también está el contraargumento de la universidad. Si tus padres no te van a pagar los estudios, entonces por qué estás viviendo a todo lujo en el Palacio de Westphalen, y pretendiendo pagar la escala mínima? Algo no cuadra. Si pueden pagarte el mayordomo, el auto, el chofer y tu membresía en el Regatas, que no jodan, también pueden pagar tu posgrado.

Ciertamente una razón más para mudarse. Es la muestra más palpable de que ya se cortó toda dependencia de la mamita. La Universidad ya no tendrá por qué sentir que la familia Westphalen le está angurriando dinero.

domingo, 14 de febrero de 2010

San Valentín



Un amigo comentaba que son dos los días al año en que los hostales paran llenos: hoy 14 de febrero, Día de San Valentín, de los Enamorados, de la amistad o como quiera llamársele y el Día de la Secretaria. Yo pensaba que el record se lo llevaba el primero de los mencionados pero de cualquier manera no viene al caso. Lo que quiero exponer es que aquí tenemos otro motivo para la mudanza; tratándose de ciertas lides de índole sexual la mayoría de jóvenes opta por ir a los hostales ya que es bastante claro que no a todos los padres les gusta tener al hijo(a) con su pareja del momento en la habitación del costado, menos aún si es para ellos una desconocida(o). Pero para los adultos que ya viven por su cuenta este no representa ningún problema, la palabra "telo" desaparece de su vocabulario ya que no lo requieren. Otro punto a favor de la vida independiente.

domingo, 7 de febrero de 2010

Tocar música (o bulla) y no molestar a nadie



Está claro que a ningún padre le puede gustar mucho tener que aguantar el fin de semana (si, el fin de semana tan esperado para descansar y relajarse) a su hijo(a) y sus amigos tratando de tocar música con los instrumentos de su predilección. Personalmente he practicado con el violín (el cual al inicio más que tocar lo haces sufrir) y ahora estoy tratando de darle a la batería (con la tremenda bulla que eso implica) pero no he tenido el problema de incomodar a mis padres, hermanos o visitas, ya que al vivir solo literalmente hago toda el ruido que quiera.

También puedo hacer referencia al caso de mi coblogger que por un tiempo fue miembro de un grupo de rock, de esos que incluyen guitarra, bajo y batería, recuerdo que el punto de reunión que él y sus camaradas usaban para practicar antes de ir a una sala de ensayo era justamente su departamento de soltero...era lógico que ese fuera el único lugar donde no los iban a fastidiar con "bájale el volumen" o "ya deja de hacer ruido" y el consabido "practiquen en otro lugar".

Para terminar solo me queda decir que aquellos lectores con intereses musicales tienen ahora una razón más para buscar la independencia.

domingo, 6 de diciembre de 2009

La receta para la independencia...según Interbank

Antes que nada agradezco al lector brian por enviar un comentario sobre el comercial de Interbank que se puede ver líneas abajo, veo poca o nada televisión y me había perdido esta propaganda que procedo a comentar.



Para empezar a primera vista se diría que Mateo, el protagonista del comercial, es un vago y comodón que vive a expensas de sus padres, bastante controladores por cierto, sin embargo en segunda vista se puede observar que en realidad Mateo está aburrido de vivir con sus padres y desea vivir por su cuenta, aquí es donde entra el banco para ayudarlo en su cometido mediante un recurso deus ex machina. Sin embargo acá veo algo interesante, la propaganda sugiere que hay muchos jóvenes y adultos con trabajo que desean dejar de vivir con sus padres, en la experiencia de este blog esto es debatible, pero la forma de lograrlo no es mediante esfuerzo y perseverancia sino con un sorteo "millonario", esto no lo pongo en duda después de observar a jóvenes mudarse gracias al patrocinio paterno (entiéndase alquiler pagado por papá y mamá) o no hacerlo porque no pueden solventar una vida como la que llevan con los padres (llámese sin cuentas que pagar a fin de mes).

Sólo puedo decir que si hay algún lector sintiéndose como Mateo que no espere más y que se proyecte con miras a la independencia pero sin esperar una vida como la que provee la casa paterna (o la que promete Interbank con carro incluído), las recompensas personales que se obtienen valen eso y más.

domingo, 22 de noviembre de 2009

Suegra al Ataque

Fiel al castigo, decidí sacrificar una par de horas para ver Smother, Suegra al Ataque en la versión en castellano, y no es que sea precisamente un fanático de Diane Keaton como se podría pensar deespués de haber comentado Hijito de Mamá con anterioridad pero es una de esas películas que aunque malas, 38% de calificacion en Rotten Tomatoes, merecen una reseña por tratar temas cercanos a este blog.



La película trata básicamente de una madre haciéndole la vida imposible a su hijo por sobreprotectora y entrometida, aquí hago notar el gran error en el título de la película ya que mejor hubiera sido Mamá al Ataque...que tampoco es un título que atraiga al espectador, para esto consigue trabajo en el mismo lugar que su hijo o lo interrumpe en momentos inoportunos como se puede ver en el tráiler, el filme no me permite mayor análisis pero si un comentario; queda claro que esta madre asfixiante es insoportable y el hijo la aguanta básicamente por ser su madre y me llama la atención que tengo conocidos que por el contrario disfrutan de este tipo de relación asfixiante que implica constantes llamadas por parte de sus madres para conocer sus movimientos durante el día así como detalles sobre sus salidas, cosa curiosa ya que al consultarles al respecto suelen decirme que es para que no se preocupen, esto lo entiendo perfectamente si áun se vive con los padres pero llegar al punto de dar informes a horas regulares del día me parece un tanto extremo. Ahora entiendo mejor porque muchos jóvenes y adultos prefieren seguir viviendo en la casa paterna, ¿será que algunos son asfixiados al punto de perder la capacidad de tomar decisiones independientes de la opinión paterna? espero que no sea así pero dejo la pregunta abierta.

miércoles, 28 de octubre de 2009

La niñificación perpetua: la boda


Los papitos son quienes invitan a la gente a tu propia boda. Qué decadencia.

En el fenómeno de los niños-grandes mucho tienen que ver los padres. No son solo los jóvenes quienes quieren permanecer en su condición de hijitos, sino los padres quienes quieren seguir siendo papitos. Y esto se puede ver claramente en el ritual social de la boda.

Recibí un par de invitaciones hace poco, y lo primero que me llamó la atención era que no tenía idea de quiénes me estaban invitando. No los conocía. Leyendo un poco más, me sonaron familiares los apellidos, y de ahí me percato de que en realidad eran las bodas de personas que sí conocía. Claro, ese es el tradicional formato de los partes de matrimonio, pero se está perpetuando con él la condición de niñitos de los novios. Quienes invitan son los orgullosos padres, quienes figuran con todos sus nombres y apellidos, mientras que los hijitos figuran solo con sus nombres. Como cuando uno estaba en el kínder. Un poco más, y les ponen el sufijo de –ito e –ita. Qué decadencia.

De ahí, a la ceremonia. He ido a varias bodas en Lima, y casi siempre he notado la misma constante. Parece una reunión de los gobernantes de la URSS en la década de 1980. O sea, una gerontocracia llena de abuelitos carcamanes. Pareciera que fuera una boda entre octogenarios. Solo una pequeña minoría se ubican en los veintes o treintas. ¿Los novios eran abuelitos? No, son siempre jóvenes. ¿Por qué entonces tanto vejete? Me dicen que a la recepción se invierte la proporción y que predominan los jóvenes y los viejos se van a sus casas (o de regreso a sus criptas).

No. Las recepciones más bien parecen el festival del Inti Raymi, por todas las momias reales que andan bailando felices y discutiendo los asuntos de las panaqas. ¿Recuerdan cómo cuando uno era niño y había una gran reunión familiar, a uno y a todos sus primitos chiquitos se les colocaba en una mesita aparte de los grandes? Misma situación. Los amigos y contemporáneos de los novios se ubican en una, o a lo más dos, mesas en zonas marginales, mientras la mayoría de las mesas son ocupadas por gente que se preocupaba por el futuro de sus hijos durante la crisis de los misiles. Es decir, se reproduce la misma estratificación espacial que en la niñez. Los abuelitos siguen estando al mando, y los jóvenes son unos niñitos. Qué decadencia.

¿Es que acaso todos los novios que he conocido acá en Lima son unos gerontofílicos? ¿Quiénes son estos mallquis que ocupan la mayor parte de las bodas de los jóvenes? Resulta que en su mayoría, son invitados de los padres. Los amigotes. La promo del kínder, del colegio y de la universidad. Los compañeros de trabajo, jefes y subalternos. Y quién sabe qué más. ¿Y qué relación tienen todos ellos con los jóvenes novios? Absolutamente ninguna. En la práctica, se ha vuelto el tono de los padres y de los suegros, en el cual los novios son meramente una justificación útil, y los amigos de los novios, una presencia a ser tolerada meramente.

¿Con qué derecho viene el consejo de ancianos a la boda de los jóvenes? Porque son los padres quienes pagan. Y si son ellos quienes pagan, pues quieren que estén ahí sus amigotes. Es lógico. También se me ha señalado que hay una lógica de traslado de recursos. La ventaja que sacan los novios es que los arrugaditos tienden a tener más dinero con el cual hacer regalos más generosos, con los cuales los recién casados pueden armar su casa en una.

El costo, sin embargo, me parece altísimo. En el día en que muchas veces es proclamado como “el más importante de tu vida”, uno es relegado a la condición de utilería para justificar un reventón de viejos. Es decir, en el primer día de lo que debería ser tu vida independiente, uno es igual subordinado simbólicamente de manera muy clara. No pues.

Yo puedo entender toda esta situación en una sociedad tradicional. Los jóvenes se casan bien jóvenes, y no tienen los recursos con los cuales equipar su nuevo hogar. Para eso se requiere al ayllu. Sin embargo, en una sociedad moderna, me parece que estas costumbres ya resultan arcaicas. Cuando la gente ya es profesional y se casa en sus veintimuchos o treintaipocos, ya tienen los recursos para hacerse su propia fiesta (aunque lógicamente, por la ley de las expectativas crecientes, uno siempre quiere una fiesta que está más allá de las posibilidades de uno, por lo cual uno recurre a los papitos). No sean niñitos y paguen su propia fiesta, para que de esa manera los carcamanes no tengan derecho a invadirla cual “noche de los muertos vivientes”. Por otro lado, cuando uno es un joven profesional exitoso y próspero, es probable que tus contemporáneos también lo sean, posibilitándoles darles regalos sólidos, sin tener que recurrir a machu kurakas a quienes uno no conoce. Por último, un joven profesional moderno ya se ha mudado antes de casarse, de manera que ya tiene cosas. Ya tiene muebles, electrodomésticos, etc. La justificación de “equipar la casa” deja de tener sentido. Más bien, la preocupación de una joven pareja de profesionales modernos recién casados es qué hacer con las cosas sobrantes; cada uno ya tenía su refrigeradora, su microondas, su juego de sala, etc. ¿Dónde meter todo eso? Más bien habría que regalárselo como ofrenda a esos ancestros venerables (pero que no vayan a la fiesta).

En pocas palabras: si eres un hijito o hijita tradicional, entonces disfruta la fiesta que tus papitos y suegritos organizan en tu honor, pero para placer propio y para equiparte, ya que como niñito no tienes tus propias cosas, por haber vivido con ellos toda tu vidita de veintimuchos o treintaipocos.

Pero si eres un adulto profesional moderno con trabajo, puedes realmente utilizar el día de tu propia boda como símbolo de tu confederación independiente, y que tu boda esté centrada exclusivamente en ti y en tu pareja. Ahí estarás rodeado de tus pares y amigos, y no de un concilio de veteranos de la guerra del '41.

Y a los padres: si quieren que sus hijos maduren, no les den un sol para sus bodas. Guárdense la plata y háganse un tono para sí mismos, y no inviten a todos esos jóvenes turcos. Pero si quieren que sigan siendo hijitos por siempre, y ustedes papitos, entonces normal, sigan igual que en el siglo XVI.

domingo, 15 de febrero de 2009

Cocino porque me gusta

Lei con atención el último poste del compañero Jorge y tengo que decir que tiene razón... si a uno no le gusta cocinar es mejor no hacerlo y aprovechar las ventajas del menu de cinco soles, aunque ya debe haberse dado cuenta de que por su nuevo cubil los menus valen un poquito mas q eso. But I digress... en mi opinión para la persona que vive emancipado de la sazón materna cocinar tiene una serie de ventajas nada deleznables.

No se necesita tanto tiempo. En mi experiencia de cocinero amateur independiente, la comida casera no toma tanto tiempo como uno podría imaginar. La idea es cocinar usando de la economía de escalas. Es decir, por el hecho de haber solo un comensal no quiere decir que uno debería cocinar lo justo para una comida individual. Al contrario uno cocina como para cuatro y eso le dura para dos días de almuerzo y cena. Y ojo que yo tengo buen apetito, así que creanme que cada una de esas comidas esta bien servida. Entonces para una comparación justa de los tiempos que toman la comida casera y la comida callejera se debe comparar el tiempo que demora cocinar una vez (para cuatro comidas), con el tiempo que demora salir a buscar esas cuatro comidas.

¿Y el tiempo que te toma ir al restaurante?

Sabes como prepararon tu comida. ¿En cuantos restaurantes de menú puede uno ver la cocina donde preparan tu comida? Muy pocos o ninguno a mi parecer. ¿Qué tan higiénicos son? La respuesta es: ¿cómo saberlo? Como saber si el cocinero de turno se lavó las manos después de ir al baño, o después de estornudar, o si sacó una mosca de tu plato de sopa antes de servirlo. Personalmente no tengo mayores problemas en comer en la calle por esta razón, pero me imagino que para varios, estos asuntos de higiene los pueden llevar a pensar dos veces antes de ordenar se un almuerzo de cinco soles.

Él reclama su mosca. ¿Y tú?

Se come mejor. Si uno aprende a cocinar de una manera medianamente decente, la comida casera suele ser largamente superior a todo lo que se pueda conseguir en restaurantes menuceros. Cuando uno cocina para si mismo, prepara la comida exactamente como a uno le gusta y en las cantidades que uno desea. Así, no hay problemas como el menu no me llenó, el menu sabe raro, le echaron algo que no me gusta, el refresco sabe horrible, y otros tantos riesgos que suelen ocurrir cuando uno come en la calle.

Es más sano. Esta ventaja depende de las preferencias personales pues si leen la entrada inmediatamente anterior a esta, hay personas para las que da igual comer sano o no, pues total, de algo hay que morir. Ahora si uno prefiere ahorrarse los infartos, la diabetes y otros tantos males... cocinar en casa presenta ciertas ventajas. Uno elige los ingredientes que prefiere, es decir puede invertir en comer algo más saludable en vez de lo que sucede en los restaurants de menu que evidentemente eligen aquello que sea mas económico. Además, créanme que comer saludable en la calle les va a salir todo menos barato.

No es caro. Si uno cocina, puede comprar en cantidad, digamos la bolsa de 5 kg de arroz, en vez de la de 3/4 de kg, y además en el sitio de su elección, ya sea mercado, autoservicio o bodega de la esquina. Elecciones no faltan y con un poco de experiencia uno aprende cómo, dónde, y cuánto comprar.

En conclusión me parece que la comida casera no carece de ventajas para la persona independiente, divorciada de la sazón de su mamita. Sin embargo, requiere un elemento muy importante para ser efectiva: que a uno le guste cocinar. Si no se da esta preferencia, es mejor seguir el ejemplo de Jorge y comer en la calle. En caso contrario, lectores independientes (los que lo sean) atrévanse a usar sus cocinas y coman a placer.

viernes, 6 de febrero de 2009

No cocino porque no me da la regalada gana

Mi nueva invención: la cocina-reloj. Por lo menos así ese mueble me sirve algo.

Cocinar es monse. En realidad, comer es monse. Ya sé que en el Perú todos son unos fagómanos, pero yo no. Si vendieran una insípida pero nutritiva y práctica “pasta nutricional de astronauta” yo la compraría y consumiría alegremente. Así de negado soy para la comida. Y no hay reunión social en la que me encuentre en que la conversación no toque el tema de en cuál restaurante se hace el mejor ají de gallina o cebiche, o cuál chef televisivo es mejor. Aparentemente, el consenso entre la gente que conozco es que un tal "Gastón" es muy comercial. Zzzzzzzzzzzzzzzzz…


Habiendo establecido que no derivo el placer orgásmico del comer que muchos peruanos obtienen, es lógico y natural que la sazón de los menjunjes de nutrientes que consuma no me interese mucho. El menú de seis soles me provoca tanto placer como el plato de cuarenta y cinco en un restaurante fichoncito (a lo cual habría que añadir el vaso de gaseosa de seis soles y varios etc.). De un solo sopetón reduzco el gasto en “buenos restaurantes”. Y el ahorro es progreso.


No es que no haya intentado cocinar desde que me mudé por mi cuenta. Pero dado que no era una actividad que me interesara sobremanera, no progresé mucho. Me volví experto en la milanesa con arroz y papas fritas.


Todos. Los. Días.


Finalmente me hastié y dejé de hacerlo. Pero como es obvio, no fue el comer lo mismo todos los días lo que me aburrió (ya establecimos que comería “pasta nutriente de astronauta” si este fuera comercializado), sino lo fue el tiempo que me consumía. Desde el momento en que dejaba de trabajar para cocinar, hasta cuando ya tenía el plato en frente de mí, pasaban unos buenos 30-40 minutos. Lavar todos los trastes, cubiertos, vasos etc. demoraba otros 10 minutos. Pero consumía el plato en diez minutos. La proporción entre el tiempo que me demoraba en comer y el que me demoraba en preparar y limpiar lo que había preparado me pareció poco favorable. Así que dejé de hacerlo.


Pero ¿qué hacer? Para mi buena fortuna, al costado de donde vivía antes había un restaurantcillo con menú de cinco soles. Quince minutos y cinco minutos y se acabó todo el aburrido proceso de alimentarme. Unos bueno cuarenta y cinco minutos más en el día para hacer lo que me viniera en gana. Y cuando no estoy de vacaciones, igual almuerzo en mi trabajo, así que normal.


La cuestión es la cena. A veces me pongo cual monje zen y no ceno. Estoy purificando mi cuerpo me digo, entre risas. Cuando eso no basta, es full enrollado, Ramen, sánguche o cualquier cosa. Total, para mí la molestia de cocinar supera (muy) largamente el placer (prácticamente inexistente) de comer un plato de comida bien cocinado. Entonces, ¿para qué? Además, no sé ustedes, pero el Ramen me parece particularmente sabroso.


Ay Jorge, ¡pero eso es vivir como un zapoleta! Es mucho mejor seguir viviendo con la mamita para que te cocine rico lo que quieres, y que además te haga postrecito y te rasque la cabecita, quizá diga alguien. Repito (hemos establecido en este blog también que la comprensión de lectura a veces es dudosa…): No estoy obsesionado con el sabor de los nutrientes que ingiero. Son solo nutrientes. Combustible. ¿Pero y la salud? De algo me tengo que morir, digo yo. Toda esa onda “light” me parece monse. Y que las cosas “naturales” son necesariamente buenas también. El veneno de araña es natural, ¿por qué no se la inyectan?


Si no te mudas porque extrañarías la comidita que te prepara tu mamita… ¿qué te puedo decir? Aprende a cocinar tú pues. Si realmente te causa tanto placer, hazlo tú mismo (o misma). Y te aplaudiré. En última instancia, la independencia es hacer en tu propio territorio lo que uno mismo encuentre más conveniente, eficaz y eficiente; y no en lo que tu mamita crea que es lo mejor para ti. Estamos de acuerdo en que no lo hace con mala intención, pero mientras tu mamita decida qué comes, a qué hora comes, cuánto comes, etc. etc. no dejarás de ser un niño grande. Y de lo que se trata es crecer, pues.


Mamita, ¡jamás te dejaré!

sábado, 24 de enero de 2009

Esbozos de análisis 1: Hipótesis de las expectativas crecientes

En la antigua Grecia se planteó la paradoja de que si se diera una carrera entre Aquiles y una tortuga que empezara con cierta distancia de ventaja, aquél jamás lograría alcanzar a esta. Esto se debería a que, si bien Aquiles es más veloz, al haber una infinidad de puntos por los que debería pasar antes de alcanzar a la tortuga (que a su vez no deja de moverse y de agregar distancia al recorrido que deberá traversar el héroe), dicha infinitud no podrá ser recorrida en un espacio de tiempo finito (hay más detalles en esta paradoja, pero no vienen al caso aquí).


Sin embargo, al someterse esto a la verificación empírica más rudimentaria, queda expuesto como un absurdo. Aquiles obviamente tendría que alcanzar y superar a la tortuga. Hasta yo lo podría hacer.

No obstante, si cambiáramos a los protagonistas, la situación podría presentar un cariz distinto. Supongamos que a Aquiles lo reemplazáramos por otro griego, digamos, Efialtes de 300; la tortuga genérica, a su vez, es reemplazada por una tortuga ninja. En este caso sí sería más plausible que Efialtes persiguiera a la tortuga ninja por toda la eternidad sin poderla alcanzar. Y este escenario ilustra mi “hipótesis de las expectativas crecientes”, también conocida de cariño como la “hipótesis del niño-grande por siempre”.


Formulo la hipótesis en los términos siguientes: En sociedades como la limeña, a lo largo del tiempo habrá casi siempre una brecha entre el poder adquisitivo del joven profesional y el nivel de vida que cree merecer. A medida que el poder adquisitivo aumente con el tiempo, el nivel de vida esperado aumentará más allá del nuevo poder adquisitivo. El resultado neto será que, la mayor parte de las veces, en lugar de aceptar su realidad, el joven profesional optará por no enfrentarla y seguir viviendo con su mamá. Paso a explicarlo.

Si graficáramos una sociedad y economía ideales, la curva del poder adquisitivo del joven profesional a lo largo del tiempo calzaría con la de sus expectativas de estándar de vida:

Mal que bien, esto es más o menos lo que sucede en algunas partes del primer mundo. El joven egresado sabe que no va a ganar mucho (aún) y entre tanto sabe que tendrá que compartir pequeños departamentos de mala muerte en zonas medio sospechosonas de la ciudad. Caballero nomás, es el precio que se paga por la independencia. Sin embargo, la economía le permite paulatinamente ir aumentando su nivel de ingresos, y este, ir alcanzando estándares de vida que en cada fase les parecen medianamente adecuados. Si esta fuera una carrera como las planteadas anteriormente, podría ser representada como Aquiles (poder adquisitivo) y la tortuga ninja (expectativa de estándar de vida) alegremente yéndose a correr tomados de la mano. Cuánta armonía y felicidad.

El escenario de economías subdesarrolladas y sociedades medio patrimonialistas como la limeña (y quizá sea esto extensible a otras partes del tercer mundo), sin embargo es sumamente infortunado para el joven egresado. Por una parte, la economía no brinda las mismas oportunidades a los jóvenes (sigo praaaaaaaacticandoooooooooo…) como en el primer mundo. Esta falta de dinámica hace que el poder adquisitivo del joven profesional peruano se parezca más a Efialtes que a Aquiles. Esto de por sí es un gran problema.

Pero lo trágico del caso limeño es que en una sociedad medio patrimonial como esta, las apariencias son de gran importancia. En consecuencia, las expectativas de estándar de vida de estos jóvenes profesionales no se adecuan al escenario en el que les ha tocado vivir. Lejos de poderse representar por una tortuga silvestre que sí estaría al alcance de Efialtes, estos jóvenes tienen expectativas de tortuga ninja. Y quizá ni siquiera de la tortuga ninja normal, sino de una tortuga ninja advanced. Porque el joven profesional limeño muchas veces no quiere tolerar vivir en el loft de medio pelo de su contraparte de primer mundo. Ay fo, qué asco, ¡¿qué diría la gente?! Tiene que ser un señor depa, en una de las mejores zonas de la ciudad. Conocía a alguien que decía que recién se mudaría cuando pudiera costearse una vivienda con piscina. Gráficamente vemos que la curva de poder adquisitivo es mucho más deprimida que en el primer mundo, y que las expectativas son aun mayores:



Esto es una tragedia: nunca se alcanza el nivel deseado. El joven universitario de 20 años puede decir que cuando tenga plata, al toque se mudaría aunque sea a un cuarto en una pensión, con baño compartido. Pero cuando, a los 23, ya tiene plata para eso, dice que mínimo, un minidepartamento, pero que todavía no le alcanza. Lo mismo sucederá a los 26, cuando dirá que no le basta un minidepa, sino que requiere un depa. Y a los 29, dirá que el depa genérico no es suficiente, sino que requiere un depa parado. Y así sucesivamente. Y en todo este transcurso, no se muda de la casa de su mamá. Por más que Efialtes persiga a la tortuga ninja, alcanzarla le será muy difícil. Cuando uno tiene irrealizables expectativas crecientes, terminará siendo un niño-grande por siempre.

Las apariencias y el escapismo. En efecto, en cuanto al aparentar, es mejor no irse de la casa de la mamá. Ciertamente, mi mamá me mima, lo cual es una ventaja. Uno ahorra mucho dinero que se puede gastar en lujos que sirvan para ese aparentar (ya hemos hablado de carros en un post anterior). Pero en este aspecto, también está el factor de la potencialidad. El escenario es sigo viviendo con mi mamá, pero estoy ahorrando para comprarme una jato/depa. Mientras esa compra no se realice, por lo menos se puede mantener el espejismo del nivel de vida “decente” aun no realizado. Ya verán, cuando lo compre será un jatón. Pero por la hipótesis de las expectativas crecientes, siempre tendrá que ser un lugar de mayor prestigio que al que uno puede en ese momento acceder. Pero peor sería para estos jóvenes finalmente “sincerar” su situación y comprarse o alquilar aquello que realmente pueden costear. Pues de esa forma estarían desnudando ante esta sociedad de apariencias, que no tienen el dinero que les gustaría aparentar tener.

Para estos jóvenes, es más deseable quedarse como Sancho Panza fantaseando sobre su ínsula (en la casa de su mamá) que enfrentar la dura realidad. Y así, el baile de las apariencias seguirá y seguirá… y quizá al ritmo de esta canción, que celebra la vida con toda la familia


domingo, 4 de enero de 2009

Soltero en Casa

Conversando hace unos días con Jorge (mi "coblogger") sobre algunas de las razones que tienen nuestros amigos en común para seguir viviendo con sus padres salió a colación la película "Failure to Launch", lo que me comentó sobre la película fue suficiente para decidirme a verla y eso es lo que acabo de terminar de hacer.

Sobre las cualidades artísticas de la película en cuestión no hay mucho que decir, después de todo es una comedia romántica sin mayores pretensiones que las de entretener al público pero es innegable que la forma en que se hace de las personas en sus 30 que aún viven con sus padres es algo que me resulta absolutamente alejado de muestra realidad.

Me explico, me queda la impresión que en la sociedad limeña el hijo que deja su casa es visto en ciertas ocasiones como un ingrato por sus padres por dejar el nido paterno donde siempre ha tenido protección y cuidados. En mi caso particular mis padres aún guardan esperanzas que vuelva a su hogar y aprovechan en sugerirlo cada vez que los visito; que quede claro que tengo una buena relación con mis padres y si me mudé de la casa paterna fue básicamente porque a los 25 años sentía que ya era tiempo de ser independiente y dejar de ser una carga para mi familia(aunque como mencioné antes mis padres insisten en que no soy una carga), de cualquier modo en "Failure to Launch" los padres hacen lo que sea para que su hijo (un treintañero exitoso) salga de su casa y se independice cuando acá la familia limeña es más bien un obstáculo para la emancipación de los hijos .

Como conclusión solo puedo decir que aquel que no quiere salir de la casa de sus padres siempre va encontrar excusas u obstáculos para seguir aferrándose a su estilo de vida (lo cual a final de cuentas es completamente válido) pero si la semilla del deseo de emancipación esta presente solo se necesita decisión, según recuerdo Jorge me sugirió mudarme de la casa de mis padres un lunes y para el domigo ya estaba viviendo por mi cuenta, como ven no es tan difícil.


Solo pude encontrar el trailer de la película.

lunes, 29 de diciembre de 2008

No “ordeno” mi cuarto porque no me da la regalada gana.

En efecto, mi cuarto es un caos. Una mirada a este les dará una idea más clara al respecto.



Hay cosas amontonadas como cancha. Cajas que ni siquiera he desempacado desde que me mudé a vivir por mi cuenta hace más de un año. Para serles francos, hay cajas de cuyos contenidos no tengo mayor certeza. Hay un escudo de guerrero coreano envuelto en bubble wrap.


Qué asco. Qué desorden.


Sin embargo, yo tengo otra forma de verlo. No me gusta “ordenar” las cosas (en el sentido estético de ello). Me parece un gasto innecesario de energía que podría ser utilizado en otras empresas. Creo yo que la lógica detrás del “ordenar” es que uno sepa la ubicación de las cosas para facilitar su uso. ¿Recuerden cómo en la adolescencia el ordenar el cuarto era un castigo o deber impuesto desde la autoridad? “Yo sé dónde están mis cosas, yo tengo mi propio orden” contestábamos algunos. Y en efecto, cada vez que la empleada o la madre venía y “ordenaba” el cuarto o escritorio el resultado era que quizá se veía mejor, pero de pronto uno no tenía idea de dónde estaban las cosas. Qué dolor de cabeza.


En efecto, así como Piérola decía “yo tengo mi plan”, yo digo “yo tengo mi orden”. Desde que vivo independientemente, no se me ha traspapelado nada en mi cuarto. Algo que necesite puede estar en medio de una ruma, pero sé exactamente dentro de cuál ruma, y más o menos en qué parte de ella está. Así que, en efecto, hay “orden”. Que no sea estético no le incumbe a nadie más que a mí. No hay madre ni familia que me esté impeliendo a hacer cosas que no me provocan hacer ni nada por el estilo. Soy dueño de mi vida y de mi tiempo.



Las apariencias también engañan. La repisa en cuyo caos vemos gorros comunistas, una Luger nazi y hasta un Cariñosito contiene libros que están organizados rigurosamente según el sistema decimal Dewey (por lo menos hasta donde están colocados verticalmente). En esto sí soy un obseso. Tengo los .pdfs del sistema, y busco en bibliotecas locales para encontrar la clasificación exacta de los libros peruanos que no incluyan ya esa información. Esto es un problema, ya que la PUCP trabaja con el sistema de la biblioteca del congreso de EEUU. La de Lima sí usa el Dewey, pero tiene relativamente pocos libros de los que compro (en comparación con la PUCP).


Tampoco proclamo que el “desorden aparente” sea símbolo sine qua non de la independencia. En efecto, hay mucha gente que sufre de diferentes niveles de trastorno obsesivo-compulsivo a quienes les causa placer el tener todo en orden. Quizá para ellos, la “opresión” sea la de sus hermanos o parientes que le desordenan el cuarto, en el cual todos los objetos deberían encontrarse en ángulo recto unos de los otros y todas las separatas fotocopiadas están en orden alfabético o cronológico. Para ellos, al independizarse finalmente se verán libres de ese caos acechante, y podrán tener todo en el orden exacto que quieran. Bien por ellos, los felicito también. En el fondo somos dos caras de la misma moneda: cuando no vives con tu familia, nadie tiene por qué andar tocando tus cosas ni diciendo cómo deberían estar.


Tengo la impresión, sin embargo, de que son muchos (especialmente hombres) que son como yo. Pueden gustar del orden estético, pero no les gusta ordenar. Esto tiene mucho influjo del machismo subyacente de esta sociedad. La idea detrás de este pensamiento sería que ordenar es tarea de la madre o de la empleada (mujeres en general). Siempre y cuando viva con mi madre siempre habrá quien se haga cargo de ello. Y mientras que no me case para tener una segunda madre (mucho complejo de Edipo acá) o tenga plata para pagar una empleada, no me mudo. ¿Para qué, si acá me atienden?


Esto me hace recordar de una escena en la película Along came Polly. El personaje interpretado por Ben Stiller, todas las noches y mañanas ordena un conjunto enorme de almohadas decorativas ubicadas en la cama y las coloca o saca de un baúl igualmente enorme. ¿Por qué lo hace? Todo ello fue idea de su ex esposa. Finalmente, decide deshacerse de tremenda estupidez y destruye las almohadas. En efecto, los hombres jóvenes o se quedan con sus madres o esposas para que les ordenen una serie de cosas que en el fondo son inútiles. Este condicionamiento conductual llega a tal punto que aun solos reproducen estos rituales, aun cuando estos no les causan ningún placer intrínseco.


Si quieren mi opinión, es mejor ser independiente y “desordenado” a vivir con tu madre y dejar que las mujeres ordenen tu vida. Si no la quieren, no lean este blog.


¡Jóvenes del mundo mudáos, no tenéis nada que perder más que sus cadenas!