¿En qué tipo de universidad estudiaste, y vives independientemente?

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Nuevo banner!

Viviendo Solo se complace de anunciar la inauguración de su nuevo banner. Por favor, siéntanse libres de promocionar el blog.

Como adicional, incluimos acá la entrada de otro blog, como para que puedan ustedes ver cómo los independientes pensamos de manera similar y des-nenizada. Creo que coincidimos en mucho, excepto quizá la parte en que él tiene que recurrir a su mamita a arreglarle la vida.


VIVIENDO SOLO: EL CAOS INICIAL
By peregrinoinmovil
Algo que muchos añoramos desde nuestra adolescencia y posterior juventud es la independencia, la posibilidad de vivir fuera del techo de los padres, del yugo impuesto por el lar familiar. Para ello, uno se dedica, a penas puede y quiere, a encontrar un lugar personal que puedas empezar a llamar hogar; llegado el momento inicias la búsqueda a conciencia, para encontrar algo que se acomode tanto a los requerimientos personales como al presupuesto, lo encuentras, se produce la mudanza y se logra la ansiada independencia. Colorín colorado, ya está todo listo, eres libre e independiente……. error.

Cuando llegas contento a tu casa y pasa la primera semana de locura mientras intentas acomodar todas tus cosas sientes la adrenalina, planeas los tonos con los amigos, los encuentros amorosos que no deberán llevarse a cabo en un hotel, la imaginación vuela libre e independiente de cualquier razón lógica, no hay límites, la vida será una fiesta permanente e inolvidable; y sigues dándote cuerda, ya no tendrás que guardar la ropa, ni arreglar nada, piensas que puedes vivir como si fuera una película gringa de bajo presupuesto, sex, drugs and rock & roll; esto hasta que la realidad te mete un martillazo en la cabeza.

Pasada la emoción empieza la verdad, descubres que los gnomos y elfos que arreglaban tu cuarto, tendían tu cama, lavaban, doblaban y planchaban tu ropita , tenían tu comidita lista y guardada en el microondas se negaron rotundamente a venir contigo y prefirieron quedarse en la casa de tus padres (quizás por que sea mas cómodo para ellos o por que intuyeron el desastre) así que en cosa de semanas, luego de probar las mieles de la libertad (que es un truco barato que solamente sirve para armar revoluciones), tu departamento es una zona de guerra, no hay platos limpios (que te regalo tu mami con mucho cariño), no tienes cocina ni ollas para cocinar y no puedes seguir a punta de pan con jamón y queso (aunque sean buenazos), no hay ropita planchada y mucho menos limpia y tu cama siempre está destendida (cosa que en lo personal odio) e increíblemente empiezas a entrar en trompo.

Asi es, entrar a tu casa se vuelve un choque cultural, por que ahí no vives tu sino que es un campamento de refugiados de guerra (de una guerra de prestancia por que la ropa tirada en los muebles es de marca obvio); así que pretendes tomar las riendas del desastre e intentas hacer algo, pero el desafío es monumental, y empiezas a recordar la ternura permanente de la madre, los consejos sabios y calibrados del padre, el amor innegable y la relación perfecta con los hermanos y cuestionas, sin mas, la decisión mas estúpida que has tomado; llegado ese punto solamente queda una cosa valiente y madura por hacer, llamar desesperadamente a la madre en busca de consuelo y ayuda.

Yo llegué a ese punto por partes, fueron episodios intermitentes de desesperación que traté de controlar de la manera mas propia que pude, el orgullo que le dicen, intenté manejar el desastre, lo juro, me planifiqué, compre cosas para limpiar la casa, hice yoga y meditación para encontrar la voluntad necesaria para la tarea y hasta pedí la ayuda de los padrinos mágicos, pero nada, no pude, caí en un pozo profundo del que salí cuando mi abnegada madre puso manos a la obra y me solucionó los problemas administrativos en los que andaba; no pues, vivir solo no es un paseo por el parque.

Hoy le debo la cordura al control personal que me impide desordenar mas de lo que puedo ordenar, a las ganas de mantener todo casi en su sitio y a la invalorable presencia de V, quien se encarga de dejar, dos veces por semana, la casa en un estado presentable.

Me desconecto.

Adeu…

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