
¿En qué tipo de universidad estudiaste, y vives independientemente?
miércoles, 28 de abril de 2010
Esbozos de análisis: Cuestión de valores

miércoles, 11 de noviembre de 2009
Esbozos de análisis 4: Más en torno a con cuánto uno puede vivir independientemente

Vemos una discusión en Yahoo! Respuestas. La pregunta con su respuesta ganadora dicen así:
1400 soles o 400 dolares alcanzan para vivir en lima peru una sola persona???
- hace 2 años
Información adicional
hace 2 años
Mejor respuesta - Elegida por la comunidadlas respuestas son muy variadas.
"pero" 1.4oo soles , es mas de lo que gana un padre con un sueldo mínimo.
Si vives "cómodamente" en un sitio pequeño y no te extra limitas, podras ahorrar.
Hay padres que con 1,400 soles, les dan de comer a sus hijos.
Lima es preciosa!
Su gente tambien.
Esto, Ya vale que hagas un ajuste en tu economia.
Te sentiras bien!
Quien como tu, el que viajes a Lima!!!!
No sabes como la extrano!!!
Suerte!
Fuente(s):
- hace 2 años
Hay trece respuestas adicionales, de las cuales doce indican que sí, con S/.1,400 uno puede vivir en Lima independientemente. Hay que recordar que no indican que S/.1,400 sea el mínimo necesario, sino que con ello sí se puede vivir. Si es cierto que se puede vivir con S/.1,100, con S/1,400 también se puede.
También hemos encontrado otra encuesta en futuromillonario.com. Ahí, se pregunta "¿Cuántos dólares necesitas para vivir al mes si vives en Perú?". Casi la mitad responden que se puede vivir con menos de $500, y las demás respuestas se subdividen en $1000, $1500, $2500 y $3000. Nuevamente vemos que las respuestas de la mayoría coinciden con las evaluaciones que hemos viniendo haciendo, ya que con la tasa de cambio actual, S/.1,100 suman $380, o S/.1,400 son $485. Obviamente, mientras más dinero, mejor; pero no nos queda claro si quienes contestaron que se necesita $3000 para vivir (o sea, para no estar por debajo de la línea de la pobreza extrema, ie, no poder comprar la mínima cantidad de kilocalorías necesarias para sobrevivir) realmente entendieron la pregunta. Porque es una cosa muy diferente "Cuántos dólares necesitas para vivir" de "Con cuántos dólares te gustaría vivir". A mí me gustaría vivir con, por decir una cifra, $10,000 al mes, pero sé que para vivir se necesita menos de $500.
En general, acá hay más evidencia de que si alguien gana en el rango de S/. 1,100 a S/. 1,450 al mes y no se muda es porque es no quiere y no porque no pueda. Si no quiere dejar los lujos de la casa de la mamita, y/o no se siente capacitado para vivir como adulto, que lo acepte y no ponga excusas de "no me alcanza".
miércoles, 4 de noviembre de 2009
Esbozos de análisis 3: ¿Con cuánto dinero me puedo -o debo- mudar?

Acá tenemos el convencimiento de que lo que debe tomarse en cuenta es la situación económica de la sociedad en la cual uno está inserto, y ello debe ser visto de manera objetiva, con indicadores, y no a través de la subjetividad del individuo. Una entidad que postula cifras respecto de cuánto es necesario para poder vivir en un dicho lugar es el Estado. Este legisla una "remuneración mínima vital". Esta asciende a S/. 550 mensuales, soles más, soles menos. En principio, cualquier persona que gane más de S/. 550 al mes debería estar en condiciones para mudarse por su cuenta, y si no lo hace es porque ama mucho a su mamita. Ojo, en principio esta cifra también debería alcanzar para mantener una familia.
Ahora, el problema es que la remuneración mínima no necesariamente refleja la realidad económica. El Estado está presionado por los sectores empresariales para mantener una cifra artificialmente baja, para poder mantener sus márgenes de ganancia. Si no fuera por esta legislación, incluso, los empresarios intentarían pagar aun menos.
La remuneración mínima vital, entonces, no puede ser utilizada como un indicador fiable y objetivo de cuánto se requiere para vivir independientemente. ¿Qué alternativa tenemos? Podemos intentar recurrir a otros indicadores macroeconómicos.
El PBI (Producto Bruto Interno) del Perú nos puede servir de algún indicador. Este refleja el valor de todos los bienes y servicios producidos en el Perú en un año dado. Esto, dividido entre la población del Perú nos da el PBI per cápita, que es un reflejo del valor producido (o recibido) en promedio por los habitantes del país. Esta cifra alcanza los $4,448. Convertido en soles, son unos S/. 13,120, dividido entre doce meses y redondeando, son unos S/. 1100. Esto significa que el PBI per cápita por mes de los peruanos asciende a S/. 1,100. Esto nos puede servir como guía macroeconómica.
Proponemos, entonces, que la base con la cual medir si uno está en condiciones de mudarse o no sean estos S/. 1,100. La idea sería que uno no podría legítimamente decir que ganando más que el promedio de los peruanos, no está uno en condiciones de mudarse. El que uno perciba que necesita más no es una cuestión medida en términos objetivos, sino en términos subjetivos de expectativas no alcanzables. En una república de ciudadanos iguales, no puede uno legítimamente decir que el promedio no es suficiente para uno. Lo que cabría hacer es admitir que a uno le gusta que lo mime su mamita.
Hay ciertas limitaciones a esta propuesta. Sería mejor aun si hubiera datos completos de las remuneraciones promedio en la república. La cifra promedio podría servir como base que reemplace la del PBI per cápita. Otra precisión podría ser la de tomar en cuenta PBI per cápita (o remuneración promedio) por departamento o ciudad. Es cierto que S/. 1,100 en Lima no es lo mismo que S/. 1,100 en Caballococha.
Con lo que habría que tener cuidado es con los distritos, pues algunos querrían llevar este detalle a ese nivel y argüir que en tal distrito la cifra es mucho más alta. Nadie les obliga a vivir en determinado distrito de una ciudad. Eso es pura afición burguesa. Uno se puede mudar a otra parte dentro de la misma localidad, sin perder el empleo.
Recuerden: S/. 1,100 mensuales, y están en condiciones de vivir como ciudadano promedio dentro de los estándares de esta economía.
miércoles, 21 de octubre de 2009
Esbozos de análisis 2: Permutaciones

Las aspiraciones de los jóvenes y las expectativas de los padres pueden ir en contraposición o armonía en una sociedad como la latinoamericana. Es bien sabido que tenemos una tradición patriarcal del paterfamilias que gobierna con mano dura, pero benévola en una casa poblada llena de hijos, familiares y allegados. Sin embargo, con la creciente modernización y secularización van empezando a aparecer fisuras en esta estructura.
Para empezar, la doctrina era que la fecha más temprana en que a los hijos se les permitiría mudarse era con el matrimonio. Mientras que hasta hace algunas décadas, el matrimonio sucedía en los tempranos veintes o incluso antes, no había mayor conflicto. Algunas parejas incluso se quedaban a vivir en la casa de los padres de uno de los recién casados, para deleite de los anfitriones. Sin embargo, las fechas de las bodas se van dilatando, por lo cual vemos solteros que viven en casa hasta entrados los treinta o cuarenta.
Y acá viene la cuestión de las permutaciones. Los jóvenes (y no tan jóvenes) pueden o querer vivir con su mamita indefinidamente, o querer independizarse y ser adultos. La mamita (y papito) a su vez puede desear mantener a sus hijos en condición de niños perpetuos manteniéndolos en casa (y en algunas ocasiones prohibirles la independencia “largo tiempo el peruano oprimido la ominosa cadena (de su mamita) arrastró…”) o bien obligarlos a aprender a volar con sus propias alas, echándolos del niño. Esto nos lleva a cuatro permutaciones posibles, dos felices, dos infelices.
Escenario A: Tanto la mamita como el hijito están satisfechos con mantener sus roles a perpetuidad. A la mamá le gusta mimar a su hijito y al hijito le gusta ser mimado, como cuando tenía cinco años. Cualquier cuestión edipal acá es pura coincidencia. Resultado: todos están felices.
Escenario B: La mamita quiere seguir siendo mamita el resto de su vida, pero el hijo quiere la independencia. El hijo puede enfrentarse a la situación de tener que elegir mantenerse como niño perpetuamente para complacer a su mamita, o mudarse igual, incurriendo el resentimiento de ella. Al realizar la mudanza sin apoyo familiar, lo hará de manera más precaria y con (algo) de sentimientos de culpa. Si se queda, se sentirá frustrado. Resultado: una de las dos partes quedará descontenta.
Escenario C: Los padres quieren que su hijito se mude para poder finalmente superar la fase de la crianza y retomar sus propias vidas, pero el susodicho se rehúsa a hacerlo, reclamando que a sus treintaitantos años sigue siendo deber de ellos darle una vivienda “a su altura”. Los padres pueden botar al hijito de patitas en la calle, para obligarlo a madurar, pero él lo resentirá por toda su vida, acusándolos de malos padres. La otra opción es sufrir al hijito, y tener que aceptar que jamás recuperarán el uso de ese cuarto, o que no podrán vender la casa y mudarse a donde fuera que quieran mudarse, ya que el hijito les reclamará que tiene que ser cerca de su trabajo. O si se mudan, que le dejen la casa. Resultado: una de las dos partes quedará descontenta.
Escenario D: Tanto los padres como el hijo quieren que se dé la independización. No hay conflicto. Los padres incluso pueden apoyar al hijo con artefactos y/o muebles sobrantes. Se mantienen relaciones perfectamente cordiales. El hijo cuenta con privacidad para hacer lo que le venga en gana y volverse un adulto propiamente, y los padres cuentan con más espacio en su casa, y la satisfacción de saber que su hijo puede realmente y fuera de toda duda sostenerse por sí solo. Resultado: todos contentos.
Evidentemente, las situaciones más armónicas son
sábado, 24 de enero de 2009
Esbozos de análisis 1: Hipótesis de las expectativas crecientes




Mal que bien, esto es más o menos lo que sucede en algunas partes del primer mundo. El joven egresado sabe que no va a ganar mucho (aún) y entre tanto sabe que tendrá que compartir pequeños departamentos de mala muerte en zonas medio sospechosonas de la ciudad. Caballero nomás, es el precio que se paga por la independencia. Sin embargo, la economía le permite paulatinamente ir aumentando su nivel de ingresos, y este, ir alcanzando estándares de vida que en cada fase les parecen medianamente adecuados. Si esta fuera una carrera como las planteadas anteriormente, podría ser representada como Aquiles (poder adquisitivo) y la tortuga ninja (expectativa de estándar de vida) alegremente yéndose a correr tomados de la mano. Cuánta armonía y felicidad.