Estaba buscando inspiración para un nuevo post y encontré en el archivo del blog que en una ocasión mis cobloggers escribieron sobre como hacen para procurarse el alimento de cada día, Jorge dijo que no le da la gana de cocinar mientras que Víctor alabó las virtudes de una buena comida hecha en casa, en mi caso paticular por cuestiones de tiempo no cocino pero tengo la fortuna de almorzar a media cuadra de mi trabajo, el problema viene en las noches, muchas veces termino comprando comida de la que se mete al microondas un minuto y está lista para su ingestión. Estimado lector, ya sea que su estómago sea a prueba de balas o solo pueda comer los más exquisitos delicatessen va a necesitar un lugar donde adquirirlos y para esto si tengo algunos consejos.
Es importante al momento de decidirse por la mudanza observar la cercanía de una bodega o panadería cerca del lugar elegido, hasta el momento he tenido suerte y en los dos lugares donde he vivido desde que salí de la casa paterna han habido varias bodegas en las cercanías, son idelaes para adquirir algo de beber o comer cuando los amigos caen de sorpresa e incluso pueden sacar de un apuro si alguien está con dolor de cabeza o resfriado: no hay bodega en la que haya preguntado y que no tenga alguna de las tantas marcas de pastillas para estos malestares.
Pero si de cosas mayores se trata no hay que olvidar los conocidos supermercados, recuerdo que en mi anterior hogar habían tres Plaza Vea a distancia de caminata...hablando de sobreoferta. Todos saben que acá vamos a encontrar desde los artículos de limpieza necesarios para mantener la casa reluciente hasta las cosas necesarias para preparar la cena por un par de semanas. Este es otro punto importante al planificar el lugar donde uno se va a mudar, tampoco hay que olvidar que algunas cadenas de supermercados venden sus productos más caros que otras y en este punto no me voy a explayar más ya que he descubierto con sorpresa que hay gente que es hincha de Wong, Metro, Vivanda o Plaza Vea como se puede ser de la U o Alianza.
Para terminar debo decir que tampoco está demás verificar la cercanía de un grifo (a mi me han salvado más de una vez), una farmacia y el banco donde tienen sus ahorros. Espero que haya servido de algo.
No soy el único joven ateo de América Latina, ni del Perú. Pero soy un ateo que no tiene ningún reparo en admitir su condición. Ser un “ateo de clóset” no va conmigo. Soy tan ateo que a veces me provoca cambiarme el nombre a “Godfrey” solo porque suena a “God-free”. Bueno, en realidad no tanto.
Pero la realidad es que los ateos vamos en aumento, y en el último censo 608,434 personas fueron registradas como habiendo respondido no tener ninguna religión. La tendencia es hacia el alza. Ahora, cabría preguntarse cuál es la relación entre el ateismo y la vida independiente, fuera del alcance de la mamita y del papito. Paso a explicar, con lo que posiblemente parezca un circunloquio.
Según datos anecdóticos a mi disposición, sospecho que el número real de ateos ha sido subregistrado (probablemente no de manera significativa, pero subregistrado igual). He oído de casos en que el entrevistado explicaba que no creía en dios, y el censista igual preguntaba: “Así que… ¿católico?” O el caso de algún menor de edad que manifestaba ser ateo, y sus padres daban la instrucción de que debía ser registrado como católico, a pesar de las protestas del chico. Y el censista obedecía.
Eso va en contra de la libertad de religión, que en el Perú es algo que existe a medias. En mi colegio, que era en ese entonces nominalmente secular, las profesoras se horrorizaban al enterarse de que yo era ateo. Se maravillaban de que no me hubieran raptado los duendes (pues soy ateo no bautizado, es decir, hard-core, el real mccoy), y se preguntaban por qué el señor de las tinieblas no había hecho de mí un ser malvado que golpeara a sus compañeritos o que hiciera maldades. Al contrario, he de admitir que era un alumno modelo.
La cuestión es que en esta sociedad, se espera que uno sea católico. O cristiano, aunque sea. O de alguna religión. No es admisible una vida "buena" sin religión. Ya es suficientemente malo que haya ateos que tengan que ocultar su condición de tales por presiones familiares o por cuestiones laborales. Me parece terrible cuando un ateo se termina casando por la Iglesia, tanto para el ateo como para la Iglesia. Para el ateo, porque está realizando una pantomima. Y para la Iglesia, porque la farsa se está llevando a cabo con su aprobación. Mal que bien tiene casi un par de milenios de existencia, algo de respeto merece. Pero el colmo es cuando el joven ateo tiene que ocultar, o por lo menos disimular, su ateismo en su propia casa.
Considero que cuando menos el hogar debe ser el castillo de sinceridad de uno. Por lo menos ahí uno debería poder vivir su libertad de cosmovisiones provenientes de la edad de bronce. Ahí debería estar uno libre de las caras de desaprobación o decepción de los parientes cuando uno se rehúsa a ir a misa. Ahí uno no debería tener que estar expuesto a estatuillas de un pobre tipo torturado y ejecutado (y mientras más sangrienta la estatuilla, más pía).
Son muy pocos los ateos que tienen también padres ateos. Los que tienen mamitas y papitos católicos tienen que aguantarse las intimaciones explícitas o implícitas hacia la conversión y la vera fe, siempre y cuando vivan con ellos. Y es que los católicos, y los monoteístas en general, por lo general no pueden evitar intentar “salvar” al prójimo. No son capaces de entender que los ateos estamos felices y contentos, y que cuando muramos, ahí se acaba todo.
Por ello es que es recién al independizarse que el joven ateo puede finalmente vivir como le place, como librepensante y desprovisto de santos, crucifijos, cristos y de la presión de declararse católico en el censo. Recién ahí podrá vivir en un “God-free zone”.
Y una vez más se presenta la oportunidad de comentar una película sobre el tema que nos atañe, vivir solo. Resulta que vi que estaba en cartelera "Hijito de Mamá" ("Mama´s Boy") y aunque de antemano daba la impresión de ser una película para el olvido (y al final lo fue)no podía dejar pasar la oportunidad de verla y a continuación mis observaciones.
El trailer es bastante claro sobre la tónica de la película y muestra que el protagonista es un perdedor e inútil por seguir viviendo con su madre a los 29 años pero debo resaltar un par de episodios de la misma; en cierto momento la madre del protagonista le informa al zángano que piensa vender la casa ante lo cual este último reacciona reclamando cosas como "¿donde voy a vivir?", "¿cómo vas a vender la casa donde crecí y me críe?" y "va a ser tu culpa si termino viviendo en la calle", ante lo cual a su ofuscada madre solo le basta decir algo así como "esta casa es mía y no tuya así que igual no tienes voto al respecto" para terminar la discusión ¡bravo!. Hago referencia este pasaje porque más de una vez he escuchado a amigos (en realidad más amigas que amigos) asumiendo propiedad sobre la casa paterna con frases como "también es mi casa", "cuando me case voy a vivir con mis padres", "mi habitación me pertenece", etc. Personalmente considero que mis padres pueden hacer con su casa como mejor les plazca, ¡después de todo es suya! de igual manera que hago lo que mejor me place con los objetos de mi propiedad. ¿Alguien me puede explicar como una costumbre aparentemente tan arraigada en nuestra sociedad como es la de considerar la casa paterna como de propiedad de los hijos es ridiculizada en "Hijito de Mamá" mientras que mis conocidos me han llegado a tildar de loco por no tomar en cuenta la casa de mis padres como un posible hogar marital?.
Otra observación que quiero hacer es una que en realidad está relacionada de manera indirecta con la película, cuando dio inicio la función caí en la cuenta de la alta probabilidad que muchas de las personas que compartían la sala conmigo debían encontrarse en la misma situación que el protagonista (con 29 años y viviendo con su madre), me pregunto que habrán pensado al ver en pantalla como se burlaban de su propio estilo de vida, ¿habrán tomado conciencia de ello? ¿que el payaso, inútil y perdedor protagonista era una caricatura de su realidad? ¿o es que los peruanos tenemos harta correa?.
Finalmente hemos resuelto uno de los grandes temas pendientes tras la mudanza: el acceso a internet. Dicho acceso es de importancia mayúscula para el joven profesional independiente, en mi humilde opinión. Casi no puedo imaginarme vivir sin poderme conectar.
Por ello, considero que es apropiado discutir este tema en nuestro post de retorno. En Lima hay básicamente dos compañías que proveen de acceso a Internet: Telefónica y Telmex. Dentro de lo que es Telefónica está el servicio Speedy (y sus respectivos dúos y tríos) y el ya dodo-esco Cablenet. ¿Cuál elegir?
Cuando nos mudamos a la nueva casa, ya había funcionando una conexión de Cablenet de 128kbps, que costaba 120 soles (1.067kp/sol). Cometimos lo que en retrospectiva fue un error, pedir que nos suban la velocidad del Cablenet a 512kbps por 240 soles (2.13kb/sol). Primero dijeron que por todo su asunto de traspaso a “Evolución Cablemágico” los tenía completamente ocupados y que demoraría quince días. Pasaron los quince días, y nada. Tras unas muy difíciles llamadas de servicio técnico, revelaron que además tenían un problema en su sistema, y que me llamarían dentro del margen de 72 horas. Como podrán imaginarse, la llamada no llegó jamás.
Concurrentemente con esta debacle, fuimos a visitar a otro camarada en la lucha por la independencia, quien se había mudado recientemente. Ahí nos mostró el contrato que había hecho con Telefónica para un trío de Speedy, Cable y Teléfono. No recuerdo exactamente cuál fue el trío que pidió, pero veamos este trío:
Internet de 2000kbps + Cable Mágico Estelar (87 canales) + Línea de teléfono Tarifa Plana
Total: 299 soles.
Imaginándonos al cable y teléfono como “extras”, el ratio sale mucho mejor (6.68kp/sol). Sonaba bastante mejor que el Cablenet de 512kbps, al que había que sumarle el Cable Mágico que por sí solo costaba 70 dólares o por ahí. Decidimos entonces torpedear el CableNet (que seguían sin llamar) y pasarnos a un trío Speedy.
En ese momento, sin embargo, decidimos darle una mirada a la competencia: Telmex. Nuestra prioridad era tener el mejor Internet posible, y que el cable y el teléfono fueran lo más tela posible. Y armamos este Tripleplay:
Internet de 4000kbps + Cable básico analógico (74 canales) + Línea de teléfono de 250 minutos
Total: 287 soles.
Es decir, el doble de velocidad de Internet, por menos plata. Usando la misma premisa anterior, sale un ratio de 13.93kb/sol. Telefónica, perdieron. Lamentablemente, en donde vivimos, por algún motivo, Telmex no provee cable analógico, así que había que contratar cable digital. Terminamos escogiendo el paquete Wow 2:
Internet de 3000kbps + Cable Max Digital (140+ canales) + Línea de teléfono de 350 minutos.
Total: 259 soles.
Encima, los primeros tres meses son a mitad de precio. 43 soles por cabeza por todo lo antedicho. No está nada mal. Lo pedimos un domingo, y para el lunes en la tarde ya lo estaban instalando. No todo fue perfección, sin embargo, y acá sí hay jalón de orejas para Telmex, pero sus concesionarios no instalaron los decodificadores digitales del todo bien, y para la noche del mismo lunes uno ya estaba fallando. Para el jueves, cuando vinieron a arreglarlos, los dos restantes estaban fallando también, y el primero en fallar había muerto. Pero todo fue solucionado y está funcionando correctamente ahora.
Como postscriptum, volvimos a visitar a nuestro camarada independiente hace poco, un par de semanas después de la primera vez. ¿Su trío? Pues nada. Telefónica seguía sin aparecerse a instalarle su conexión. Y ahora está muy interesado en un Tripleplay de Telmex. El libre mercado puede tener sus bemoles, pero cuando una compañía provee un mal servicio a alto precio, otra que ofrece uno mejor a un menor precio… pues nos conviene.
Lei con atención el último poste del compañero Jorge y tengo que decir que tiene razón... si a uno no le gusta cocinar es mejor no hacerlo y aprovechar las ventajas del menu de cinco soles, aunque ya debe haberse dado cuenta de que por su nuevo cubil los menus valen un poquito mas q eso. But I digress... en mi opinión para la persona que vive emancipado de la sazón materna cocinar tiene una serie de ventajas nada deleznables.
No se necesita tanto tiempo. En mi experiencia de cocinero amateur independiente, la comida casera no toma tanto tiempo como uno podría imaginar. La idea es cocinar usando de la economía de escalas. Es decir, por el hecho de haber solo un comensal no quiere decir que uno debería cocinar lo justo para una comida individual. Al contrario uno cocina como para cuatro y eso le dura para dos días de almuerzo y cena. Y ojo que yo tengo buen apetito, así que creanme que cada una de esas comidas esta bien servida. Entonces para una comparación justa de los tiempos que toman la comida casera y la comida callejera se debe comparar el tiempo que demora cocinar una vez (para cuatro comidas), con el tiempo que demora salir a buscar esas cuatro comidas.
¿Y el tiempo que te toma ir al restaurante?
Sabes como prepararon tu comida. ¿En cuantos restaurantes de menú puede uno ver la cocina donde preparan tu comida? Muy pocos o ninguno a mi parecer. ¿Qué tan higiénicos son? La respuesta es: ¿cómo saberlo? Como saber si el cocinero de turno se lavó las manos después de ir al baño, o después de estornudar, o si sacó una mosca de tu plato de sopa antes de servirlo. Personalmente no tengo mayores problemas en comer en la calle por esta razón, pero me imagino que para varios, estos asuntos de higiene los pueden llevar a pensar dos veces antes de ordenar se un almuerzo de cinco soles.
Él reclama su mosca. ¿Y tú?
Se come mejor. Si uno aprende a cocinar de una manera medianamente decente, la comida casera suele ser largamente superior a todo lo que se pueda conseguir en restaurantes menuceros. Cuando uno cocina para si mismo, prepara la comida exactamente como a uno le gusta y en las cantidades que uno desea. Así, no hay problemas como el menu no me llenó, el menu sabe raro, le echaron algo que no me gusta, el refresco sabe horrible, y otros tantos riesgos que suelen ocurrir cuando uno come en la calle.
Es más sano. Esta ventaja depende de las preferencias personales pues si leen la entrada inmediatamente anterior a esta, hay personas para las que da igual comer sano o no, pues total, de algo hay que morir. Ahora si uno prefiere ahorrarse los infartos, la diabetes y otros tantos males... cocinar en casa presenta ciertas ventajas. Uno elige los ingredientes que prefiere, es decir puede invertir en comer algo más saludable en vez de lo que sucede en los restaurants de menu que evidentemente eligen aquello que sea mas económico. Además, créanme que comer saludable en la calle les va a salir todo menos barato. No es caro. Si uno cocina, puede comprar en cantidad, digamos la bolsa de 5 kg de arroz, en vez de la de 3/4 de kg, y además en el sitio de su elección, ya sea mercado, autoservicio o bodega de la esquina. Elecciones no faltan y con un poco de experiencia uno aprende cómo, dónde, y cuánto comprar.
En conclusión me parece que la comida casera no carece de ventajas para la persona independiente, divorciada de la sazón de su mamita. Sin embargo, requiere un elemento muy importante para ser efectiva: que a uno le guste cocinar. Si no se da esta preferencia, es mejor seguir el ejemplo de Jorge y comer en la calle. En caso contrario, lectores independientes (los que lo sean) atrévanse a usar sus cocinas y coman a placer.
Mi nueva invención: la cocina-reloj. Por lo menos así ese mueble me sirve algo.
Cocinar es monse. En realidad, comer es monse. Ya sé que en el Perú todos son unos fagómanos, pero yo no. Si vendieran una insípida pero nutritiva y práctica “pasta nutricional de astronauta” yo la compraría y consumiría alegremente. Así de negado soy para la comida. Y no hay reunión social en la que me encuentre en que la conversación no toque el tema de en cuál restaurante se hace el mejor ají de gallina o cebiche, o cuál chef televisivo es mejor. Aparentemente, el consenso entre la gente que conozco es que un tal "Gastón" es muy comercial. Zzzzzzzzzzzzzzzzz…
Habiendo establecido que no derivo el placer orgásmico del comer que muchos peruanos obtienen, es lógico y natural que la sazón de los menjunjes de nutrientes que consuma no me interese mucho. El menú de seis soles me provoca tanto placer como el plato de cuarenta y cinco en un restaurante fichoncito (a lo cual habría que añadir el vaso de gaseosa de seis soles y varios etc.). De un solo sopetón reduzco el gasto en “buenos restaurantes”. Y el ahorro es progreso.
No es que no haya intentado cocinar desde que me mudé por mi cuenta. Pero dado que no era una actividad que me interesara sobremanera, no progresé mucho. Me volví experto en la milanesa con arroz y papas fritas.
Todos. Los. Días.
Finalmente me hastié y dejé de hacerlo. Pero como es obvio, no fue el comer lo mismo todos los días lo que me aburrió (ya establecimos que comería “pasta nutriente de astronauta” si este fuera comercializado), sino lo fue el tiempo que me consumía. Desde el momento en que dejaba de trabajar para cocinar, hasta cuando ya tenía el plato en frente de mí, pasaban unos buenos 30-40 minutos. Lavar todos los trastes, cubiertos, vasos etc. demoraba otros 10 minutos. Pero consumía el plato en diez minutos. La proporción entre el tiempo que me demoraba en comer y el que me demoraba en preparar y limpiar lo que había preparado me pareció poco favorable. Así que dejé de hacerlo.
Pero ¿qué hacer? Para mi buena fortuna, al costado de donde vivía antes había un restaurantcillo con menú de cinco soles. Quince minutos y cinco minutos y se acabó todo el aburrido proceso de alimentarme. Unos bueno cuarenta y cinco minutos más en el día para hacer lo que me viniera en gana. Y cuando no estoy de vacaciones, igual almuerzo en mi trabajo, así que normal.
La cuestión es la cena. A veces me pongo cual monje zen y no ceno. Estoy purificando mi cuerpo me digo, entre risas. Cuando eso no basta, es full enrollado, Ramen, sánguche o cualquier cosa. Total, para mí la molestia de cocinar supera (muy) largamente el placer (prácticamente inexistente) de comer un plato de comida bien cocinado. Entonces, ¿para qué? Además, no sé ustedes, pero el Ramen me parece particularmente sabroso.
Ay Jorge, ¡pero eso es vivir como un zapoleta! Es mucho mejor seguir viviendo con la mamita para que te cocine rico lo que quieres, y que además te haga postrecito y te rasque la cabecita, quizá diga alguien. Repito (hemos establecido en este blog también que la comprensión de lectura a veces es dudosa…): No estoy obsesionado con el sabor de los nutrientes que ingiero. Son solo nutrientes. Combustible.¿Pero y la salud? De algo me tengo que morir, digo yo. Toda esa onda “light” me parece monse. Y que las cosas “naturales” son necesariamente buenas también. El veneno de araña es natural, ¿por qué no se la inyectan?
Si no te mudas porque extrañarías la comidita que te prepara tu mamita… ¿qué te puedo decir? Aprende a cocinar tú pues. Si realmente te causa tanto placer, hazlo tú mismo (o misma). Y te aplaudiré. En última instancia, la independencia es hacer en tu propio territorio lo que uno mismo encuentre más conveniente, eficaz y eficiente; y no en lo que tu mamita crea que es lo mejor para ti. Estamos de acuerdo en que no lo hace con mala intención, pero mientras tu mamita decida qué comes, a qué hora comes, cuánto comes, etc. etc. no dejarás de ser un niño grande. Y de lo que se trata es crecer, pues.
Ya están los resultados de la primera encuesta, y habría que analizarlos brevemente. Aparentemente, la mitad de nuestros lectores viven independientemente. Esto tiene sentido, ya que muchos niños-grandes o bien nunca llegarían a este blog, o si es que llegaran se irían rápidamente y no lo validarían marcando la encuesta. Más bien el hecho de que la tercera parte haya marcado la opción de ser niños-grandes es lo que es sorprendente, no esperaba una presencia de tales dimensiones. Estos deben ser los que tienen buena correa, así que bienvenidos sean.
Son una minoría quienes han marcado las opciones de “misio” y “conchudazo”. En realidad habría esperado un mayor número de “misios” que el presentado. Y los “conchudazos” tuvieron un repunte súbito faltando pocos días para el cierre de la encuesta. Estos deben tener tanta, o más correa, que los “niños-grandes”, así que bienvenidos también.
En general, estos resultados me sugieren que los lectores de Viviendo solo son en su mayoría o gente que ya vive independientemente, o dependientes con buen sentido del humor. Obviamente, es una encuesta hecha sin ningún rigor científico. Pero este blog tampoco lo tiene, así que normal.
Somos un grupo de jóvenes peruanos que no se conforman con seguir viviendo con sus mamás. ¡Que viva la independencia! Javier escribe los domingos. Jorge escribe los miércoles.